martes, 20 de marzo de 2018

Cada año que pasa me hago más viejo



Cada año que pasa me hago más viejo.

Y eso es mejor, entre otras cosas porque la perspectiva me hace disminuir la solemnidad de los ritos cotidianos.

Lo de los ritos lo explico ahora mismo. 

Cuando era muy joven y preparaba algún examen de aquellos que siempre suspendía, me gustaba que una noche de entre alguno de los días anteriores, pasarla intentado estudiar. Para eso, con la connivencia de mis padres, hacia mi pequeña locura. Preparaba una exageración de café, despejaba y limpiaba mi mesa e incluso ponía alrededor de ella alguno de mis fetiches, me falla la memoria pero probablemente mi navaja “manuela”. Confundía todo aquello ( el efecto físico, la presión en los ojos por el sueño impedido , las palpitaciones por el café, la tensión) con un estadio de trance. 


Para mi esas convulsiones formaban parte de la trasmutación a otro ser,….., capaz de aprobar un examen . Aunque no todo era vacío. También estaba el estar solo conmigo mismo, la reflexión, la meditación, la escritura…y un poco de estudio, nunca suficiente.

Si para un examen hacia estas cosas no os quiero contar lo que ocurrió en mi habitación el día que con dieciséis años  yo y mis amigos del pueblo  nos fuimos de acampada a las fragas del Eume. Creo que “Don quijote” velando sus armas y rezando toda una noche  no era ni la mitad de solemne que yo en ese día echándole grasa de caballo a cada una de mis botas. 

 Cuando empecé a trabajar, durante mi larga  universidad, arreglar mi primer coche también era una liturgia especial. Contaba con un juego de carraca que me regalo mi super chica. Y lo  extendía con toda parsimonia en la acera, para colmo de los peatones que tenía que cruzar por no tropezar. Elegía los cubos de la carraca con la concentración de un cirujano y los probaba uno a para ver cual se ajustaba mejor a la tuerca que quería sacar. Colocaba trapos empapadores de aceite en los sitios justos para que no gotease aceite en la cara del inspector que revisara los bajos del coche en la itv. Cambiaba el maldito alternador, que siempre fue más barato ponerle otro que cambiar las escobillas. 


Con los años empecé a hacer montaña en solitario y ahí, de forma obligada, llegue al clima de todos los ritos que es dormir solo en la montaña de noche. No puedo expresar con palabras la lo que supone dormir solo a  1600m de altura mirando las estrellas,……, además de la inseguridad que os imaginareis.


 Las constelaciones, una por una delante de ti. Brillando con tal fuerza que es imposible no distinguirlas. El cinturón zodiacal. Y la vía láctea cruzándolo todo, como una autentica mancha de leche, bifurcada a modo de raja por el medio, así como cuando intentas romper una vara y se astilla hasta la mitad quedando unida por un breve tramo sin llegar a separarse. Así como tu y yo.
Con los años comenzando a hacer deporte tenia diferentes ritos. Desde salir a correr, especialmente si hacía mucho frio o llovía, pues entonces haba que vestirse con más cuidado.
No hay que explicar que cuando empecé a hacer Aikido y usaba réplicas de sables en madera o usaba falda, el rito estaba más que garantizado.


Hoy en día trasciende lo fundamental y solo echo de menos aquellas jarras de cerveza que tenían asa. Porque el rito que me sigue dando placer es chocar con fuerza los vasos de cerveza antes de beber. Justo en el límite de romper y no romper. Conseguir que la ola de cerveza desborde un poco la comisura de la jarra. Cogiendo carrerilla con el codo hacia atrás para envestir como un ariete. Riendo y sin mirar a la jarra,…. Mirando a los ojos
PD: este sábado tengo cena……SKOL

lunes, 16 de enero de 2017


Las cinco Hidras del parque natural





1º La mayoría de la gente está en contra (o a favor)  del parque natural